Vestido rojo transparente, 6.980 euros y cinturón ancho negro, 750 euros, ambos de Christian Dior. Body negro, de Sloggi, 38 euros. Caballo: capa negra; nombre: Bético; raza: CDE (macho entero); edad:12 años; hierro: Peralta; tercio: banderillas. Luis de las Alas

 

EXPANSIÓN: Jaime Lázaro 

7 de septiembre de 2018

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Entró en los ruedos como acomodadora y el arte le fue calando. Hoy la rejoneadora francesa Lea Vicens posee una cuadra de 14 caballos y cinco potros, todos domados por ella. En sólo cuatro años ha logrado liderar el ranking.

Chaqueta de corto en exclusiva para Lea Vicens de Justo Algaba. Body negro, de Etam, 39,99 euros. Jeans negros, de Sessún, 120 euros. Cinturón negro, de Zara, 19,95 euros. Botas negras de ante, de Úrsula Mascaró, 395 euros. Caballo: capa torda; nombre: Greco; raza: Pura Sangre Lusitano (macho entero); edad: 8 años; hierro: Arsenio Cordeiro; Tercio: último tercio. Luis de Alas

Se cuadra delante del objetivo de la cámara con el mismo arrojo con el que domina a sus caballos delante del toro. Viene de triunfar la tarde anterior en la Feria de San Sebastián de los Reyes, a hombros por la puerta grande. Bético, Gacela y Greco esperan en los establos de Yeguada Cortiñal, en Villamanta,Madrid, donde se aloja la cuadra de Lea Vicens (Nimes, 22 de febrero de 1985) cuando torean cerca de Madrid. Hoy se engalanan también para salir en la foto. Los relinchos cortan el aire seco del mediodía en la sierra madrileña, el final del verano y de la temporada se acercan. Descalza, vestida de rojo la rejoneadora maneja con determinación las riendas hasta lograr que el caballo, sin ensillar, mantenga la postura para la foto.

Una determinación y una raza que la temporada pasada convirtieron a esta dama rejoneadora en la primera mujer de la historia en liderar el escalafón del toreo a caballo. Todo un hito. Cuarenta y un festejos, 12 de ellos en plazas de primera -que se saldaron con 67 orejas y un rabo- atestiguan el tirón de la amazona nimeña entre la afición. “Siempre prefiero poner más énfasis en la calidad que en la cantidad y he dado resultado en todas las plazas, tanto en las que he repetido como en las que iba por primera vez. Voy ganando seguridad y eso se refleja en los triunfos y en las puertas grandes”, resalta con un marcado acento entre sevillano y francés. Este año las estadísticas se van a superar: a finales de agosto ya había toreado 37 corridas, logrando 65 orejas y tres rabos.

¿A qué cree que se debe ese gusto del respetable por su manera de torear?

Creo que tiene que ver con conjugar esa imagen de aparente fragilidad que doy por ser mujer con el tipo de lidia que me gusta hacer. Me coloco en sitios de riesgo en el que otros no se ponen. Y eso hace disfrutar al público.

¿Cómo definiría su toreo?

Diría que es muy clásico, que es como yo entiendo la fiesta, y moderno a la vez, en el sentido de que las distancias pueden ser largas o cortas pero el temple es fundamental en mi toreo. Y siempre de frente, porque la lidia pura es de frente. Me dejo llevar por mis sentimientos y mis emociones. Puede gustar más o menos pero es la manera en la que yo entiendo los lances entre el toro, el caballo y el torero.

La agenda lleva a la cuadrilla de esta gala de corazón sevillano por toda la geografía española y del sureste francés: este 9 de septiembre en la Feria de San Lorenzo, en Valladolid; el 13 en Guadalajara; el 16 en la plaza de Nimes, su tierra; el 21 en Salamanca…, son sólo algunas de las citas que restan hasta finalizar la temporada. Encontrar un hueco en su calendario ha sido difícil para hacer este reportaje. En principio estaba previsto para comienzos de agosto, pero quiso el destino que tuviéramos que retrasarlo: Petit Pois, uno de sus caballos de salida moría inesperadamente la tarde antes.”Es terrible, es como si perdieras a alguien de tu familia. Me ha causado una enorme tristeza, han sido muchos años juntos a diario. Fue un infarto fulminante antes de empezar el paseíllo, me queda el consuelo de que no fue responsabilidad mía. Mi conciencia está descargada completamente, porque no fue mi culpa, ni la del toro, ni un error humano. Son momentos muy duros, pero como la muerte no tiene solución no queda otra que aguantar y seguir adelante. También es cierto que hay que relativizar, al contrario de lo que hacen los animalistas, y entender que es un caballo. Y, repito, quiero a mis monturas como si fueran de mi familia pero son caballos, no seres humanos”.

Camisa blanca, de Mirto, 150 euros. Falda negra de cuero, de Hugo, 299 euros. Sandalias de terciopelo, de Úrsula Mascaró, 206 euros. Cinturón en negro y blanco, de Hermès, 720 euros. Caballo: capa negra; nombre: Gacela; raza: CDE (macho entero); edad: 12 años; hierro: peralta; tercio: banderillas. Luis de las Alas

Descubrimiento del Arte

Nacida en Nimes (Francia), sus padres, Dominique y Jacquie, nada tienen que ver que ver con el campo o la ganadería. Profesora de letras ella y comerciante él, se han encargado de inculcar a Lea y a sus dos hermanos mayores el amor por la naturaleza y los animales desde que eran niños. Ni siquiera había una afición taurina reseñable en casa: “Son completamente ajenos al campo, al astado o al caballo. Teníamos un caballo viejo de paseo en el jardín, donde aprendí a montar casi antes que a hacerlo en bicicleta. A los 4 años me regalaron un poni en el que practicaba a diario con mi padre. Sólo tengo recuerdos bonitos de mi familia en aquella época”, rememora Lea. Su padre, sin ser un gran aficionado a los toros, iba a la plaza de Nimes a ver los festejos: “Le gusta mucho la Fiesta pero no lo calificaría como aficionado, yo le acompañaba más por obligación que por otra cosa. Y a mi madre, que me ha apoyado siempre en todo, no le gusta nada de nada. Sí que acude a verme al paseíllo cuando yo toreo, pero después se va”.

Segundos antes de que la montura de Lea Vicens se precipitara al suelo en una estrepitosa caída.

Con estos mimbres no es raro que la rejoneadora llegase a considerar el toreocomo un enfrentamiento brutal y carente de arte y sentido. Hasta que el veneno le entró en la sangre: “Mientras estudiaba en el instituto en Montpellier empecé a trabajar como acomodadora en la plaza de toros de Nimes. Un primer empleo de estudiante para pagarme las copas y hacer creer a mis amigos que estaba trabajando. Al principio me llevaba hasta los apuntes al anfiteatro”. Simón Casas, empresario del coso y que más tarde se convertiría en su apoderado, obligaba a sus empleados a quedarse hasta el cuarto de la tarde. A fuerza de asistir, los destellos de arte, el ritual y la tradición de la fiesta fueron calando en la hasta entonces reacia Lea: “Lo primero que me llamó la atención fue el ambiente de la plaza, todo aquel coso lleno de personas, contemplando el mismo espectáculo y viviendo las mismas emociones a un tiempo. Lentamente empecé a apreciar lo que antes no sabía ver”.

Comenzó a interesarse por la técnica y los nombres de cada torero, por sus cualidades. Una tarde, mientras asistía a una corrida de rejones desde lo más alto del graderío, le asaltó el pensamiento de que algún día sería ella quien estaría en la arena toreando. Una locura que difícilmente podría convertirse en realidad. Al poco tiempo le propusieron ser alguacil por sus habilidades con el caballo: “Acepté, porque para mí era ya empezar a ser actor de mi propio sueño. Salir a la plaza era el momento de gloria de todo el año”, recuerda.

Partir de Cero

En el aire Lea Vicens y su montura antes de tocar el suelo en una de sus mayores caídas.

Su nueva posición en la plaza le permitía estar en el callejón, junto a lidiadores, ganaderos y empresarios. Su destreza con los caballos llama la atención de la familia Peralta, toda una institución dentro de la tauromaquia. Le propusieron que se fuera a La Puebla del Río (Sevilla) para trabajar en su yeguada, pero se negó: “Les dije que lo sentía muchísimo, que estaba estudiando y que no quería dedicarme al mundo del caballo. Sin embargo, si existía la posibilidad de rejonear aceptaba encantada. Era mi sueño y lo tenía grabado a fuego”.

Cuando en 2006 llegó al Rancho El Rocío, Lea volvió a repetirle su proposición a don Ángel Peralta. “Nosotros no tenemos ya caballos para torear, sólo hay potros”, le contestó el Centauro de las Marismas: “Ya lo han intentado varias personas y ha sido un fracaso”. La francesa insistió ante la negativa: “‘Pero ¿qué tengo que hacer para torear?’. El maestro me respondió con dos preguntas: ‘¿Tu padre es rico?’. ‘No’, le dije. ‘¿Serías capaz de sacrificar tu vida por el toro?’. ‘Sí’, respondí. Y tal fue la pasión que vio en mí que me permitieron domar mis potros mientras trabajaba para ellos”, cuenta orgullosa.

Peralta empezó a comprender la vehemencia de su pasión y se convirtió en su mentor. Una vez que terminaba todas las labores del campo, cuando todos los trabajadores de la finca dejaban sus tareas, Lea continuaba incansable y se volcaba en sus animales: “Si un caballo no había ido bien volvía a montarlo hasta que terminábamos al nivel que yo quería. Me pasaba todo el día en el campo entrenando, con unas ganas desmedidas. Fue bastante duro, pero satisfactorio”, asegura.

¿Fue difícil empezar sin una cuadra propia?

Ha sido un verdadero milagro, porque comencé con potros serreros (sin ninguna doma), porque eran más baratos y porque quería enseñarlos yo desde el principio. Lo único que yo sabía era montar. Fueron días y días de sacrificio, cuando se iba la gente a dormir yo seguía montando, casi obsesionada. También he tenido una gran ayuda de mi mozo de espadas, José Domingo Parrado, un chico que era camarero y que se lanzó al sueño conmigo. Empezó echándome el carretón y, sin saber tampoco nada de caballos, ahora se ha vuelto un experto.

Esos comienzos casi milagrosos han dado paso a una cuadra conformada por 14 caballos, todos domados por su dueña, y cinco potros en plena formación. La única yegua es Guitarra, un magnífico ejemplar cruzado de nueve años. Bach, Bazuka, Diamante, Jazmín, Diluvio… Todos enteros, pues conservan mejor los instintos, incluido el de reacción y tienen más empuje. Sus razas van desde los Pura Sangre Español al Lusitano o los Caballos de Deporte Español (CDE).

¿Cómo se forja la relación entre caballo y amazona?

A base de horas. Al domarlos todos yo puedo anticipar sus reacciones, los movimientos, el peso que tienen en las manos, la tensión del lomo, la posición de la oreja… Puedo leerlo y anticipar su comportamiento. La palabra anticipación es clave en rejoneo, tienes que saber interpretar las reacciones del caballo y el caballo, las tuyas.

En Francia, mientras tanto, su familia pensaba que se había cogido un año sabático en Andalucía, no les dijo que iba a prepararse para torear porque le daba miedo el fracaso y no quería volver a Nimes hasta haber alcanzado su objetivo: “Y lo cumplí. Hasta 2013 no regresé a casa para tomar la alternativa de la mano de Ángel Peralta, que a sus 88 años volvió a pisar la arena por mí”, recuerda Lea de su maestro. Desde ese día su carrera ha sido meteórica, luchando de igual a igual con los hombres: “Me siento respetada y, aunque es un mundo muy conservador en todo, no es machista. Entre los profesionales me consideran competencia, una torero que hace sombra. Y en el ruedo el toro no ve a un hombre o una mujer. Sí noto una reacción diferente en el público, son más extremos conmigo, más amables en los triunfos y muy duros cuando no van bien las cosas”.

La montura de Lea Vicens en el suelo en Las Ventas en 2017.

El peligro físico es una constante en una profesión de alto riesgo como esta, se juegan la vida. El jinete debe velar, además de por su salud, por la del caballo. Una mala caída puede costar cara, y el astado puede aprovechar la coyuntura para herir a alguno de sus oponentes. El aparatoso revolcón en Zaragoza hace dos años -la contusión le impidió continuar con la faena- o el percance en Las Ventas (el toro los derribó a ella y a su caballo) en junio de 2017 son una muestra de ello. “Lo primero que hago, una vez que puedo levantar la cara del suelo, es mirar a ver si le ha pasado algo a mi caballo. Es casi instintivo, me preocupa más lo que pueda pasarle a ellos”, reconoce.

¿Se pierde el miedo al toro?

A mí lo que me da miedo es no triunfar, ese es mi mayor temor. El miedo al fracaso me aterroriza, aunque cada vez menos porque voy ganando seguridad y eso se refleja en los triunfos y en las puertas grandes. El miedo sigue presente claro, pero lo tengo más controlado.

¿Y qué sería para Lea Vicens triunfar en la vida?

Lo personal está ahora mismo entre paréntesis. De momento mi éxito en la vida está unido a mi triunfo en los ruedos. Es lo que más me llena y más satisfacciones me da. No sólo las puertas grandes, me llena poner una vaca a un potro por primera vez, me llena pegar un quiebro al carretón y que salga a la perfección, me llena hacer un galope de costado a lo largo de la plaza. Alguna vez lo he pensado y cuando me retire me dedicaré a algo que no me frustre, ¡tendré que cambiar de vida! Pienso que todos los toreros que se retiran acaban frustrados, incluida yo, me meto en el lote. Torear es una droga y yo soy totalmente adicta.

Primera del Ranking

Lea Vicens, su montura y el toro en el suelo tras la caída sufrida en Las Ventas en 2017.

Por primera vez en la historia de la tauromaquia a caballo una mujer lideró el escalafón en 2017 con 41 festejos. A la espera de concluir la temporada 2018 y los datos definitivos, Lea Vicens parece de nuevo imbatible a la hora de repetir la gesta y coronar el podio.

El año pasado, la dama rejoneadora fue seguida en segundo lugar por el diestro luso Diego Ventura, con 39 corridas; en tercer puesto, el alicantino Andy Cartagena, con 34; en cuarta posición se encontraba el portugués Joao Moura (hijo), 28 festejos, y el quinto fue el zaragozano Mario Pérez Langa, con 28. Este 9 de septiembre, si Dios lo quiere y el tiempo lo permite, la lidiadora francesa celebrará su corrida número 40. Será en la Feria de Nuestra Señora de San Lorenzo en Valladolid.