Saltó el segundo, y con él emergió el concepto más clásico de Lea Vicens. A lomos de Pistacho, la amazona gala descorchó su labor cobrando dos rejones de castigo. El segundo de ellos, prendido en la mismísima frontera de las tablas, hizo contener el aliento a la plaza, dibujando momentos de angustia y riesgo verdadero.
Pero la eclosión de la obra mayor llegó en la grupa de Bético. Dejó la francesa dos banderillas de un empaque y una plasticidad exquisitos. Todo lo que fluyó de las riendas de Lea llevó la firma indeleble de la elegancia, un valor tan cotizado como dolorosamente ausente en el barullo de muchos festejos contemporáneos. Fue, sin ambages, una de las dimensiones más redondas que mis ojos le recuerdan en el coso de Cuatro Caminos; se la vio rotundamente comprometida, sin perder jamás un ápice de aplomo y resolviendo las suertes con una limpieza inmaculada.
La continuidad de semejante faena la dictó Diluvio. Un corcel de expresión puramente clásica con el que Vicens pisó los terrenos del toro con una eficacia incontestable, sin trampas ni pasos en falso, latiendo todo con desnuda verdad. El epílogo, montando a Greco, se adornó con el perfume de dos rosas que presagiaban el triunfo grande.
Sin embargo, el rejón de muerte, ese histórico verdugo de tantas obras de arte, se tornó en un desastre absoluto. El mal uso del acero ensució de un plumazo toda la belleza previamente esculpida. Tras dos pinchazos —el primero perdiéndose por los sótanos, trasero y caído— enterró un rejón casi entero en mala colocación. Santander, paladeando aún el regusto de una labor desbordante de plasticidad, la llamó a saludar una sentida ovación desde el tercio, premio a una obra bella que se evaporó en la suerte suprema.
Burladero
Lea Vicens, que brilló con “Diluvio”, pierde premio con el rejón en un segundo con querencias
Negro entrepelado, largo y algo cuestarriba, el segundo salió con pies de chiqueros y trató siempre de ponerse por delante de la montura, de anticipar la acción en el recibo a lomos de “Pistacho”. Tuvo fijeza el animal, aunque marcó lo suyo las querencias. Por ello, Lea Vicens recurrió a “Bético”, uno de sus caballos estrella, para pulir sus defectos y aprovechar la movilidad que sí tuvo. Hubo buenas batidas citando de punta a punta, clavando arriba. No obstante, lo mejor de toda su labor llegó en una espectacular banderilla por los adentros sobre “Diluvio”. Ajustadísima y sin probaturas. Excelente. La faena pudo tener premio, pero el toro volvió a evidenciar su preferencia por las tablas y, muy cerrado, la amazona gala marró en varias ocasiones.
Cultoro
Salió con pies el segundo de la tarde, un toro al que paró Lea Vicens a lomos de ‘Pistacho’. Tuvo fijeza el de Pallarés, aunque marcó querencias durante la faena de la rejoneadora amazona. Firmó Lea buenos momentos, clavando las banderillas arriba y mostrando su capacidad y buena doma. Una banderilla de muchísimo ajuste sobre‘Diluvio’ elevó el tono de la faena, la cual se quedó sin premio después de que marrara en varias ocasiones con el acero.
Lea Vicens saludó una ovación tras estrellarse con un quinto muy parado y de escasa movilidad, al que trató de meter en la faena con la expresividad de ‘Guitarra’ y las ajustadas pasadas de ‘Aladín’. La falta de colaboración del toro y el fallo con el rejón de muerte impidieron cualquier opción de premio.
Mundotoro
